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Investigan el uso de plantas forrajeras para la generación de colorantes naturales y natracéuticos

Este negocio podría ser hasta cinco veces más rentable que la producción normal de fardos

Las especias forrajeras para alimentación de animales, que comúnmente contemplan variedades de alfalfa y trébol rosado, podrán sumar un nuevo valor dentro de la industria de los alimentos, ya que, según la Fundación para la Innovación Agraria (FIA), estas especies tienen la capacidad de generar la clorofila necesaria para realizar colorantes naturales y nutracéuticos.

En el marco del día del campo se realizó la actividad “Producción de colorantes naturales a partir de clorofila extraída de especies forrajeras”, en la comuna de San Ignacio; donde se presentaron a 50 productores variedades de especies forrajeras.

La iniciativa, parte del proyecto “Desarrollo de un modelo piloto de producción de extractos de clorofila de alto valor funcional, usando biomasa de especies forrajeras”, es ejecutado por el Instituto de Innovación Agropecuaria en apoyo con la Fundación para la Innovación Agraria (FIA).

Luis Inostroza, ingeniero agrónomo e investigador de INIA Quilamapu, destacó que “ahora acabamos de identificar nueve variedades de alfalfa y cuatro variedades de trébol rosado, y lo que queda es definir cuál de ellas es la mejor variedad para producir clorofila, lo que se sabrá con los análisis al final de la actual temporada”. Además agregó que “se trata de un negocio que puede ser cinco veces más rentable que la producción de fardos”.

La importancia de la clorofila en la industria alimentaria radica en que los colorantes artificiales son utilizados generalmente en repostería, productos lacteos y confites; los que pueden generar, en algunos casos, enfermedades como: alergias, asma, migrañas, alteraciones visuales, entre otros.

“La innovación es clave para las necesidades y requerimientos de la agricultura de hoy. Es por eso que iniciativas como éstas son tan relevantes, para valorizar nuestras materias primas y entregarles nuevas opciones a los agricultores respecto al valor agregado que tienen las especies forrajeras, para obtener un colorante natural a través de la clorofila y que finalmente impacta en la salud humana”, explicó el representante macrozonal FIA del Ñuble y Biobío, Gonzalo Rueda.

Finalmente, según Inostroza, el proyecto contempla el desarrollo de una técnica de extracción de clorofila a nivel industrial, la que se realizará en el laboratorio de alimentos de INIA en Santiago; metodología que quedará disponible para toda la industria. 

 

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